Daniel Burman es un cineasta exitoso. Ha recibido premios en los festivales de Cine de Mar del Plata, Sundance, Biarritz, La Habana, y en el año 2004 fue ganador de dos Osos en el Festival de Berlín, uno de ellos el Oso de Plata (Gran Premio del Jurado). Pero puede ser que parte de esta notoriedad no se haya alcanzado exclusivamente por su indudable talento y trabajo. Este joven director ha podido destacarse mediante una fórmula original: su capacidad de equilibrar un discurso personal –propuesta cada vez más innecesaria en nuestros tiempos de consumo- y un lenguaje versátil que adopta variadas opciones estilísticas.
En nuestro país se presentará próximamente en el Cine Arte Normandie, su última película llamada Derecho de familia, cinta que clausura “la trilogía judeo-argentina”, integrada por las anteriores Esperando Al Mesías y la condecorada El Abrazo Partido. Tres tragicomedias que poseen claros puntos en común: protagonizadas por tres “Arieles” (interpretados por Daniel Hendler), integrantes de familias judías y que luchan por su propia armonía emocional.
Podemos concluir que con el tiempo, Daniel Burman ha ganado más oficio. Se ha convertido en un cineasta poco predecible, que nos ofrece una alternativa distinta al laconismo y a la omisión narrativa de algunos de sus compatriotas como: Rodrigo Moreno, Lucrecia Martel o Ariel Rotter.
Derecho de familia narra el momento de crisis que vive Ariel Perelman (Daniel Hendler), un abogado que debe asumir la convivencia carismática con su padre, el también abogado Bernardo Perelman (Arturo Goetz), y el cuidado de su pequeño hijo, Gastón (Eloy Burman).
La historia es relatada a partir del punto de vista subjetivo de Ariel Perelman. Su voz en off -que parece imitar la apagada lectura de un acta judicial- nos entrega de manera exhaustiva todos los pormenores que rodean la vida de esta familia. Pero, al contrario de lo que pensamos, no es este relato explicativo el fundamental. El encanto y el sentido del film radica en las acciones mismas: miradas, gestos, conversaciones casuales y los actos rutinarios que nos sugieren mucho, sobre las relaciones establecidas entre padres e hijos, la importancia de la familia y la construcción de la identidad en los sujetos. Cabe destacar que gracias a una buena dirección de actores, Burman ha podido asegurar atmósferas íntimas muy naturales.
Estilísticamente hay una exquisita factura clásica. Planos americanos, un trabajo prolijo de montaje y una cámara tranquila, que realiza movimientos imperceptibles, deleitan la visión del espectador. El director se ha afirmado visualmente en algunos elementos como ventanillas, puertas, escalones y pasillos largos, para exponer el burocrático y ajetreado mundo judicial. Un Ambiente que parece abrirse ante una historia que no posee conflictos centrales, ni resoluciones aparentes.
Un aspecto interesante de esta trilogía, es aquella vinculación que Daniel Burman establece entre memoria individual y colectiva. Entre un judío que se enorgullece del peso de la tradición y un ciudadano argentino que denuncia el proceso de empobrecimiento, a causa de los avatares de la economía argentina. Se exhiben, con mayor o menor énfasis, variados dispositivos de memoria: grabaciones reales de ritos judaicos, material de archivo de protestas sociales e historias de sobrevivientes del Holocausto. La misma inclusión de su hijo pequeño, Eloy, el niño que actúa con impresionante ternura, es expresión de este cine que se resiste a la amnesia provocada por el transcurrir del tiempo. Un cine que todavía ve en el realismo un importante principio testimonial.
La filmografía de Daniel Burman demuestra la consistencia y calidad del cine argentino. Ni la globalización, ni las inversiones extranjeras presentes en las co-producciones realizadas en Latinoamérica, ni tampoco la crítica académica en contra de los discursos de carácter nacional, son hechos suficientes para concluir que la producción fílmica latinoamericana reciente, se haya estandarizado y perdido su impronta social. Un caso cercano que debería ser imitado en nuestro país.
En nuestro país se presentará próximamente en el Cine Arte Normandie, su última película llamada Derecho de familia, cinta que clausura “la trilogía judeo-argentina”, integrada por las anteriores Esperando Al Mesías y la condecorada El Abrazo Partido. Tres tragicomedias que poseen claros puntos en común: protagonizadas por tres “Arieles” (interpretados por Daniel Hendler), integrantes de familias judías y que luchan por su propia armonía emocional.
Podemos concluir que con el tiempo, Daniel Burman ha ganado más oficio. Se ha convertido en un cineasta poco predecible, que nos ofrece una alternativa distinta al laconismo y a la omisión narrativa de algunos de sus compatriotas como: Rodrigo Moreno, Lucrecia Martel o Ariel Rotter.
Derecho de familia narra el momento de crisis que vive Ariel Perelman (Daniel Hendler), un abogado que debe asumir la convivencia carismática con su padre, el también abogado Bernardo Perelman (Arturo Goetz), y el cuidado de su pequeño hijo, Gastón (Eloy Burman).
La historia es relatada a partir del punto de vista subjetivo de Ariel Perelman. Su voz en off -que parece imitar la apagada lectura de un acta judicial- nos entrega de manera exhaustiva todos los pormenores que rodean la vida de esta familia. Pero, al contrario de lo que pensamos, no es este relato explicativo el fundamental. El encanto y el sentido del film radica en las acciones mismas: miradas, gestos, conversaciones casuales y los actos rutinarios que nos sugieren mucho, sobre las relaciones establecidas entre padres e hijos, la importancia de la familia y la construcción de la identidad en los sujetos. Cabe destacar que gracias a una buena dirección de actores, Burman ha podido asegurar atmósferas íntimas muy naturales.Estilísticamente hay una exquisita factura clásica. Planos americanos, un trabajo prolijo de montaje y una cámara tranquila, que realiza movimientos imperceptibles, deleitan la visión del espectador. El director se ha afirmado visualmente en algunos elementos como ventanillas, puertas, escalones y pasillos largos, para exponer el burocrático y ajetreado mundo judicial. Un Ambiente que parece abrirse ante una historia que no posee conflictos centrales, ni resoluciones aparentes.
Un aspecto interesante de esta trilogía, es aquella vinculación que Daniel Burman establece entre memoria individual y colectiva. Entre un judío que se enorgullece del peso de la tradición y un ciudadano argentino que denuncia el proceso de empobrecimiento, a causa de los avatares de la economía argentina. Se exhiben, con mayor o menor énfasis, variados dispositivos de memoria: grabaciones reales de ritos judaicos, material de archivo de protestas sociales e historias de sobrevivientes del Holocausto. La misma inclusión de su hijo pequeño, Eloy, el niño que actúa con impresionante ternura, es expresión de este cine que se resiste a la amnesia provocada por el transcurrir del tiempo. Un cine que todavía ve en el realismo un importante principio testimonial.
La filmografía de Daniel Burman demuestra la consistencia y calidad del cine argentino. Ni la globalización, ni las inversiones extranjeras presentes en las co-producciones realizadas en Latinoamérica, ni tampoco la crítica académica en contra de los discursos de carácter nacional, son hechos suficientes para concluir que la producción fílmica latinoamericana reciente, se haya estandarizado y perdido su impronta social. Un caso cercano que debería ser imitado en nuestro país.

8 ---> OPINIONES AQUÍ <---:
Hola. Buen artículo. Burman ha sonado poco en Chile, pero es un gran director. Derecho de Familia en Argentina fue considerada una de las mejores películas del 2006 y acá recién se estrenó hace unos días en el Normandie, lo que quizás de algún modo, refleja que no le tenían mucha fe.
Son claras las obsesiones de Burman con el tema del sujeto de raíces extranjeras, inmerso en Buenos Aires y tratando de encontrar una identidad.
Me parece que es un cineasta que ha construido una filmografía muy interesante, desarrollando la idea de este personaje que no se encuentra a sí mismo, con sus diversas interrogantes familiares y existenciales. Es muy notoria la figura del padre ausente, como en tantas otras cintas latinas. Y debe ser uno de los pocos que mueve la cámara a su andanza, con estilo, nerviosamente al hombro o en la mano, por la calle, como si nada. Creo que eso le da un sentido de casualidad y de frescura a la imagen, dos características que al mismo tiempo intenta promover el personaje principal, que siempre es Daniel Hendler (gran actorazo, uno de los mejores latinoamericanos sin duda), que se mueve por la ciudad dispersamente buscando recuerdos, detalles o cualquier cosa que lo haga replantearse sus raíces.
"El abrazo partido" está disponible en Blockbuster y Bazuca para quien no la ha visto. También es una gran película, imperdible.
Saludos y los felicito, muy buenos los contenidos del blog, espero que sigan actualizando seguido.
Un pequeño comentario al comentario.
Repetir y diferenciar son dos polos para cualquier trama argumentativa. Lo digo en el sentido de criterios sobre qué repetir y dónde diferenciar: Ok, con que la crítica académica sea enemiga del nacionalismo (eso debería ser releído a la luz de los populismos políticos, y las críticas culturales de izquierda a nivel latinoamericano, quienes han preferido, en su mayoría, hablar de un "espacio latinoamericano", como García Canclini, que desaconseja la reivindicación identitaria, que de por sí es una norma del conservadurismo de cualquier tipo), pero de ahí a postular que "eso es lo que se debería estar haciendo" (una típica vericueta de la crítica de cine de carácter normativo y no reflexivo), me parece discutible y de frente, cuestionable, más si se camina en las afiladas navajas de las ideologías. Por eso...¿que repetir? ¿dónde diferenciar?
saludos
Hola. Muchas gracias por visitar nuestro blog.
Al respecto, cada uno tendrá sus posiciones personales sobre que valora. Creo en la diversidad de los discursos y me parece que el caso de Daniel Burman, Adrián Caetano o la misma Lucrecia Martel (excluyendo la Niña Santa) son casos de directores que además de tener lenguajes audiovisuales propios, rescatan algo particular de sus sociedades sin caer en el exotismo, ni en el estereotipo.
En Chile, no veo referentes de realismo “a la argentina”. Me gustaría verlo, pero eso no quiere decir que no me agraden las demás cosas que se están haciendo.
Las lecturas habituales sobre el cine latinoamericano proponen que a partir de los noventa, las diferentes filmografías han igualado sus lenguajes con respecto a un fuera. Que se han asemejado desde un punto de vista comercial y formal. En este sentido me parecen interesantes los cineastas que reflexionan a partir de las teorías de la imagen contemporáneas. Pero cómo negar de que haya algo distinto en los directores nombrados e incluso rasgos de “visión nostálgica o romántica”.
Finalmente podría decir que no hacemos una crítica normativa. Más bien hacemos un rescate de la crítica situada, pero en ningún caso somos un equipo dogmático.
Saludos
Estimado Iván: Hola. Primero que todo, gracias por tu comentario y gracias también por recomendar nuestro blog en el tuyo. Ahora entrando en materia, me parece que mi colega, afirma que la identidad es un elemento que no se pierde en las películas de Burman, pese a los factores de globalización o co-producción, pero no en el sentido normativo de proponer un cine hecho según la norma de la "identidad nacional o social". En esto me refiero a esa frase, de que: eso es lo que debiéramos imitar. Creo que se apunta a algo que es evidente. Las películas chilenas del último tiempo, en general, han perdido un poco la reflexión sobre lo nuestro, sobre lo qué pasa en Chile y se han afirmado más en la descripción de ciertas anécdotas visuales o tallas simpáticas y han dejado el elemento reflexión país en el olvido. (Quiero de inmediato decir que dos películas chilenas estrenadas el año pasado escapan de esta crítica, y esas son: "Rabia" y "El Pejesapo", que independiente de si a uno le gustan o no, están funcionando como cintas que analizan parte del contexto de un Chile actual).
Pero ojo que no es normativo, obviamente que abogamos por la diversidad y pensamos también que eso es necesario para la construcción de una industria (seudo industria). Ahora, tenemos que ser claros, la generación de Burman, entiéndase los Caetano, Trapero, Martel, entre otros, son tipos que fusionaron sus propuestas fílmicas con el contexto que estaba viviendo la Argentina de esos años. Había una crítica al país, al poder, a la corrupción que, implícita o explícitamente, el espectador la percibía. En ese sentido, mi colega y su comentario de que debiéramos imitar no me parece normativo, insisto. De hecho, me parece hasta reconociendo una gran cinematografía como la argentina, que si se ha posicionado dónde está hoy en día, es porque han sabido convivir con lo suyo, aún en aquellas cintas que vendrían siendo más "comerciales" (y muy entre comillas) cómo: "El hijo de la novia" (que será muy de entretención y todo lo que queramos, pero hay una crisis social como telón de fondo, que provoca la alienación de los personajes. Son películas que provocan el llamado "shock del reconocimiento", como diría Rufinelli, (respecto a algunas de las cintas que trataron el tema crisis) y eso hace que logren la reflexión de los especialistas y la identificación de los espectadores.
Y vuelvo y repito, para que no queden dudas, nuestra reflexión de mirar al lado y proponer hacer algo parecido, pensando en el tema identidad, no es normativa, sino conjunta a coexistir con ese "otro cine" (chileno), quizás de entretención y que sería interesante, tuviera matices.
Es como cuando Ruiz dispara contra el cine estadounidense. No es que le molesten las películas gringas, lo que le molesta es que todas sean iguales.
Y nos distanciamos de una postura normativa, porque también la rechazamos. Hace unos años en el Festival de La Habana no se premió a “El Aura” de Bielinsky, por no considerarla “tan” latinoamericana. Eso sí es normativo. Se sigue una norma que viene de muchas décadas atrás, de una tradición política del cine latino, y por lo menos yo, estoy en contra de eso. Abogo por la diversidad.
Un abrazo.
Un comentario a los comentarios,
El pequeño debate que se ha formado tiene atisbos de mucha importancia, pero que se desvanece al unísono por cuestiones tan futiles como los abanderamientos propios del ser humano. Lo bonito de todo, es que los amantes del cine podemos discutir acerc de cómo debiera ser éste, que es el más bonito de los artes. Personalmente, no he visto ninguna película de Burman, pero si es que dice que es de la misma escuela de Caetano o la Martel (la de La Ciénaga) es indudable entonces que su cine está teñido de realismo y calle. Lo que no hace más que responder a nuestra condición sufrida como pueblo, porque como tierra hemos sido ultrajados por Europa. El sufrimiento del alma es inherente a esta parte del mundo. Lamentablemente nuestro país se excluye de la norma y prefiere apostar por la vía comercial -con un evidente fracaso por lo demás- Usar el calificativo "debiera" insta a que el amigo asocie el término "normativo", pero lo trascendental no está en esos aspectos bananeros, sino que en la ontología del cine mismo y su director en particular. Simplemete disfrutemos cine -del bueno y del no tan bueno- pero no esperemos que todos los directores hagan lo mismo. Sólo disfrutemos de la majestuosidad de lo particular e individual como demostración de reflexión del cineasta contemporáneo. Y por último, tampoco defendamos tanto la diversidad, si no es inherente a la naturaleza humana; todo lo contrario. Que haya diversidad, pero en el fondo sé que yo tengo razón y que los demás no.
La retórica americanista de la identidad "ultrajada" que reivindicó el marxismo sesentista (apadrinado en Francia por Sartre), y la retórica de la "ontología", a mí parecer, son dos asuntos que deben ser revisados concienzudamente, en el ámbito de la discusión político cultural y los contextos astutos, mercantiles y neoliberales de alta complejidad en el intercambio simbólico. La llamada "norteamericanización" del mundo, por ejemplo, tiene que volver a pensarse desde problemas migratorios y avogidas exílicas a lo largo del siglo XX, a su vez, tiene que pensarse crudamente en términos de funcionamiento ecónomico global y no sólo norteamericano. En fin, son todos asuntos, que han mantenido congelada la discusión a nivel de la y las izquierdas, ciegas ante el panorama contemporáneo que requiere revisitar sus sentidos comunes y sus consensos discursivos. Quebrar el bloque para volver a criticar.
A V y S, gracias por las aclaraciones, pronto seguiremos conversando-.
Vi Derecho de Familia y me parecio fantastica, sobre todo porque creo que son esas peliculas que hacen que el cine argentino recupere el esplendor que supo tener.
Besos!
Rescato esto último:
" ni tampoco la crítica académica en contra de los discursos de carácter nacional, son hechos suficientes para concluir que la producción fílmica latinoamericana reciente, se haya estandarizado y perdido su impronta social. Un caso cercano que debería ser imitado en nuestro país"
Interesante esto. En países como España, Brasil, Argentina y México, decidieron en un momento dado, no dar más espacio en algunos casos y credibilidad "absoluta" de la crítica academicista que promovió casi en su totalidad la realización del cine de autor. Grueso error.
Estos países ahora tienen INDUSTRIA (años luz estamos de eso), pero todo tiene su génesis: la aparición de cine de GÉNERO. Ni más ni menos.
Antes de todo lo que vemos en México o Argentina ahora, ellos tuvieron a Santo luchando contra el hombrte lobo. A SAndra de payaso, de piloto. A zombies, a películas de ficción malas, pero atrevidas, etc.
En su momento fueron maltratadas por el segmento de la crítica señalada, pero crearon y ganaron $$$. Y con eso, todo lo que tienen ahora.
De la nada, no se puede pretender tenerlo todo. Es muy simple la fórmula.
En Chile, primero que todo debemos obviar a una serie de críticos y establishment que tienen sumido al cine chileno en un hoyo del que será difícil salir. Gente que tiene como impronta creativa, la influencia del "autor" por sobre la realización propiamente tal.
Simple y breve: puede hacerse cine de autor, social y todo, pero antes debe generarse RECURSOS. Y esto sólo es posible de lograr, llevando gente a las salas.
Saludos
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